Salir a correr 

Llegué a casa demasiado cansado, casi mareado. Era la primera vez que salía a correr en casi tres años. Y me salté como tres o cuatro normas básicas. Es lo que pasa cuando pierdes la costumbre de hacer deporte y vuelves a él como si nada hubiera pasado, como si tu cuerpo fuese el mismo que tres años antes. Y tuve que estar convaleciente varias semanas antes de volver a correr. Aunque ya no me volvería a pasar lo mismo. 

La primera razón por la que volví a correr era porque tenía un poco más de tiempo después de años. Siempre me había dicho que en cuanto pudiera volvería a correr porque era algo que siempre me había funcionado. La segunda causa eran mis depósitos grasos: la vida sedentaria me había pasado factura y había cogido peso. No era algo excesivo, pero desde luego no era el mismo cuerpo que tenía antes. Y la tercera razón por la que volví a correr era para respirar un poco de aire fresco, que en los tiempos que corren, tiene un valor incalculable.

Tantas ganas eran las que tenía de volver a calzarme las zapatillas de correr que me olvidé de los buenos hábitos de antaño. Ni estiré ni medí la distancia ni el tiempo, ni empecé con una ruta conservadora. Me lancé a correr como un loco. Supongo que era una manera de probarme, de decirme que todavía estaba capacitado para tener el mismo nivel que antes del ‘parón’, pero el tiro me salió por la culata por completo. 

Después de estar otro mes parado recuperándome del desagarro muscular que tuve y tras comprobar que los mareos iniciales no parecían preocupantes, sino fruto de un esfuerzo demasiado intenso sin preparación física adecuada, voy a volver a calzarme las zapatillas de correr, voy a seguir tratando de quemar los depósitos grasos, pero lo haré siguiendo unos criterios lógicos. Lo primero es calentar antes de salir y, lo segundo, ir poco a poco, hasta que el cuerpo vaya cogiendo un poco de fondo. Si no, voy a tener que estar parado otros tres años más.

Para presumir, no siempre hay que sufrir

Nuestras abuelas lo decían, para presumir hay que sufrir. Tal vez por eso se aceptó siempre que cualquier proceso que nos ayude a vernos mejor tiene que ser, necesariamente doloroso o muy molesto. Pero eso ya forma parte del pasado.

Mejorar nuestro físico no tiene por qué ser un suplicio. Hablamos, claro está, de la liposucción sin dolor que permite eliminar grasa acumulada en zonas problemáticas sin tener ningún dolor. Y sin necesidad de tener una anestesia general. ¿Se puede pedir más?

Hoy, la liposucción se hace por lo general con anestesia local. Se duerme la zona que se va a tratar y se seda al paciente para que esté totalmente tranquilo. Se introducen entonces unas cánulas en la zona en la que hay grasa acumulada y se aspira suavemente. Las cánulas aspiran las células grasas y se mueven para hacerlo de forma uniforme.

Cuando el paciente despierta, ya todo el proceso ha finalizado y, aunque tiene unas pequeñísimas cicatrices, estas se vuelven casi imperceptibles cuando se curan totalmente. Lo mejor de todo es que en unas horas se podrá ir a casa, al no haber tenido una anestesia general y con unos analgésicos normales podrá pasar el periodo postoperatorio sin dolor, tan solo con pequeñas molestias lógicas tras haber pasado un proceso de este tipo.

El paciente deberá de seguir una serie de instrucciones muy sencillas y acudir a revisiones. Puede realizarse una serie de tratamientos estéticos como masajes drenantes para ayudar a que la grasa que haya podido quedar se vaya a través del sistema linfático. Y también puede realizarse tratamientos reafirmantes para que la zona se asiente lo antes posible.

El efecto de la liposucción se nota desde el primer momento, pero es cuando todo asienta al cabo de unos meses cuando realmente se puede valorar el alcance de la intervención. Y la gran mayoría de personas que se realizan una liposucción están encantadas con la experiencia. Casi la totalidad cuando lo hacen en clínicas con un buen nombre y una experiencia profesional probada.

No se trata por tanto de sufrir, sino de elegir al mejor profesional para llevar a cabo la intervención y hacerlo con los métodos más modernos que permiten que se pueda presumir de la mejor imagen sin pasar dolor y sin tener que pagar un alto precio, ni siquiera económico, por el derecho de verse bien.