Preparando nuestra visita 

Disfruto preparando nuestras salidas de fin de semana. Siempre me ha gustado organizar, creo que se me da bien, porque intento diseñar planes que satisfagan en la medida de lo posible a toda la familia. No soy de esos que arrastra a los demás a disfrutar de sus cosas. Si veo que los demás no van a disfrutar de algo, lo rechazo. Y creo que, con el próximo plan, todos vamos a disfrutar un poco porque todos tenemos que comprar algo en la tienda.

Llevamos ya bastante tiempo sin ir a mueblerías. Cuando cambiamos de casa hace un par de años nos dimos un tute tan grande que nos quedaron pocas ganas de volver. Pero volvemos a necesitar cosas. Para empezar, necesitamos comprar estores. El de la habitación de la niña se ha venido abajo porque no para de colgarse. “No te cuelgues, hija, que se rompe”. Y se rompió. Esa será su labor, decidir qué tipo de estor quiere, que hay muchos chulos en la tienda.

El otro niño también estará servido porque necesita una silla. Vamos a dejar, por fin, su trona, aunque es estupenda y todavía está cómoda. Pero él ya se siente un hombrecito y quiere estar a la altura de los demás en una silla de mayor. A ver qué le podemos encontrar porque creemos que la misma silla que tenemos ya no se fabrica. Pero quizás le haga gracia tener una silla diferente a los demás, aunque sea de mayor.

Yo quiero comprar una lámpara de mesa para el despacho, que parece un asunto baladí, pero para mí es muy importante. Esta que tengo hace un ruidito muy raro. Es una lámpara especial a la que no se le puede cambiar la bombilla. Lo sabía cuando la compré, pero me gustó mucho por su diseño. Aunque tenía la sensación de que, efectivamente, no iba a tener una vida útil muy larga. El ruido se va y viene, pero un día seguro que ya no se va y no podré trabajar así. Así que entre comprar estores, la silla, mi lámpara y la butaca que quiere mirar mi mujer, todos tendremos un objetivo el próximo fin de semana.

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