Para presumir, no siempre hay que sufrir

Nuestras abuelas lo decían, para presumir hay que sufrir. Tal vez por eso se aceptó siempre que cualquier proceso que nos ayude a vernos mejor tiene que ser, necesariamente doloroso o muy molesto. Pero eso ya forma parte del pasado.

Mejorar nuestro físico no tiene por qué ser un suplicio. Hablamos, claro está, de la liposucción sin dolor que permite eliminar grasa acumulada en zonas problemáticas sin tener ningún dolor. Y sin necesidad de tener una anestesia general. ¿Se puede pedir más?

Hoy, la liposucción se hace por lo general con anestesia local. Se duerme la zona que se va a tratar y se seda al paciente para que esté totalmente tranquilo. Se introducen entonces unas cánulas en la zona en la que hay grasa acumulada y se aspira suavemente. Las cánulas aspiran las células grasas y se mueven para hacerlo de forma uniforme.

Cuando el paciente despierta, ya todo el proceso ha finalizado y, aunque tiene unas pequeñísimas cicatrices, estas se vuelven casi imperceptibles cuando se curan totalmente. Lo mejor de todo es que en unas horas se podrá ir a casa, al no haber tenido una anestesia general y con unos analgésicos normales podrá pasar el periodo postoperatorio sin dolor, tan solo con pequeñas molestias lógicas tras haber pasado un proceso de este tipo.

El paciente deberá de seguir una serie de instrucciones muy sencillas y acudir a revisiones. Puede realizarse una serie de tratamientos estéticos como masajes drenantes para ayudar a que la grasa que haya podido quedar se vaya a través del sistema linfático. Y también puede realizarse tratamientos reafirmantes para que la zona se asiente lo antes posible.

El efecto de la liposucción se nota desde el primer momento, pero es cuando todo asienta al cabo de unos meses cuando realmente se puede valorar el alcance de la intervención. Y la gran mayoría de personas que se realizan una liposucción están encantadas con la experiencia. Casi la totalidad cuando lo hacen en clínicas con un buen nombre y una experiencia profesional probada.

No se trata por tanto de sufrir, sino de elegir al mejor profesional para llevar a cabo la intervención y hacerlo con los métodos más modernos que permiten que se pueda presumir de la mejor imagen sin pasar dolor y sin tener que pagar un alto precio, ni siquiera económico, por el derecho de verse bien.

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