UN AMIGO MUCHO MÁS JOVEN

Desde siempre les he gustado a los niños y eso es algo que no puedo comprender, ya que a los adultos no es que les encante estar conmigo. Personalmente a mí también me gusta más estar rodeado de niños que de la gente de mi edad. Creo que es porque los niños me ven como a un igual y no como a un adulto que se pasa el día dándoles órdenes, por lo menos los hijos de mis amigos. Me gusta jugar con ellos todo el tiempo que puedo y además no tengo remilgos a la hora de tirarme por el suelo para poder jugar con ellos. Hay uno de los hijos de mis amigos con el que tengo una relación muy estrecha desde que era un bebé. Hasta a su madre le llama la atención lo cómodo que este niño se siente conmigo. Un día que le estaba distrayendo para que su madre pudiese darle tranquilamente la merienda, el propio niño me ofreció un trozo de su quesito, y su madre me dijo que nunca a nadie le había ofrecido nada de su comida. No es que sea un gran fan de los derivados de lacteos pero por no hacerle un feo al niño me comí el trozo de quesito encantado. Otro día que me llamaron sus padres para ir a la piscina que tienen y el niño se pasó jugando conmigo en la piscina toda la tarde, pasando olímpicamente del resto de invitados que estaban allí. Yo creo que a este niño lo que le llamó la atención de mi fue mi voz. Tengo la voz un poco rara y la gente muchas veces cree que estoy de broma poniendo otra voz. Esto le pasó a la hermana de un amigo mío cuando me conoció, que después de cenar toda la noche frente a mí me preguntó si estaba poniendo voces a propósito, y la carcajada que soltamos todos fue memorable. 

 

Ya hace unos cuantos meses que no veo al hijo de mi amigo, pero es que han tenido unos cuantos problemas en la familia y no he tenido muy fácil poder verle, hasta todavía no conozco a la nueva hija que han tenido. Tengo el resto de su vida para conocerla pero no creo que tenga la relación que tiene su hermano conmigo.

Para presumir, no siempre hay que sufrir

Nuestras abuelas lo decían, para presumir hay que sufrir. Tal vez por eso se aceptó siempre que cualquier proceso que nos ayude a vernos mejor tiene que ser, necesariamente doloroso o muy molesto. Pero eso ya forma parte del pasado.

Mejorar nuestro físico no tiene por qué ser un suplicio. Hablamos, claro está, de la liposucción sin dolor que permite eliminar grasa acumulada en zonas problemáticas sin tener ningún dolor. Y sin necesidad de tener una anestesia general. ¿Se puede pedir más?

Hoy, la liposucción se hace por lo general con anestesia local. Se duerme la zona que se va a tratar y se seda al paciente para que esté totalmente tranquilo. Se introducen entonces unas cánulas en la zona en la que hay grasa acumulada y se aspira suavemente. Las cánulas aspiran las células grasas y se mueven para hacerlo de forma uniforme.

Cuando el paciente despierta, ya todo el proceso ha finalizado y, aunque tiene unas pequeñísimas cicatrices, estas se vuelven casi imperceptibles cuando se curan totalmente. Lo mejor de todo es que en unas horas se podrá ir a casa, al no haber tenido una anestesia general y con unos analgésicos normales podrá pasar el periodo postoperatorio sin dolor, tan solo con pequeñas molestias lógicas tras haber pasado un proceso de este tipo.

El paciente deberá de seguir una serie de instrucciones muy sencillas y acudir a revisiones. Puede realizarse una serie de tratamientos estéticos como masajes drenantes para ayudar a que la grasa que haya podido quedar se vaya a través del sistema linfático. Y también puede realizarse tratamientos reafirmantes para que la zona se asiente lo antes posible.

El efecto de la liposucción se nota desde el primer momento, pero es cuando todo asienta al cabo de unos meses cuando realmente se puede valorar el alcance de la intervención. Y la gran mayoría de personas que se realizan una liposucción están encantadas con la experiencia. Casi la totalidad cuando lo hacen en clínicas con un buen nombre y una experiencia profesional probada.

No se trata por tanto de sufrir, sino de elegir al mejor profesional para llevar a cabo la intervención y hacerlo con los métodos más modernos que permiten que se pueda presumir de la mejor imagen sin pasar dolor y sin tener que pagar un alto precio, ni siquiera económico, por el derecho de verse bien.